Mirmecología para aficionados
Comunicación química en hormigas
La comunicación química es el canal predominante en la mayoría de especies de hormigas, aunque no el único. Algunas también emplean señales táctiles, vibracionales o visuales. En cuanto a la visión, existe una gran variabilidad: Gigantiops destructor o las hormigas toro australianas (Myrmecia) tienen una visión excelente, mientras que las hormigas ejército (Eciton, Dorylus) son prácticamente ciegas y se orientan casi exclusivamente por señales químicas y táctiles.
En las especies que la utilizan, la comunicación se basa en feromonas: moléculas producidas por glándulas especializadas que otras hormigas detectan con sus antenas. Estas sustancias permiten transmitir información compleja sobre peligro, alimento, ubicación y estado social de forma rápida y sin necesidad de contacto directo.
Las feromonas de rastro son las más conocidas. En muchas especies, cuando una obrera descubre alimento, deposita un rastro químico al regresar al nido. Sus compañeras siguen ese rastro y lo refuerzan, creando una retroalimentación positiva que concentra al grupo en las fuentes más rentables. No todas las especies usan este mecanismo: las hormigas ejército, por ejemplo, coordinan sus movimientos masivos mediante otros sistemas.
Existen además feromonas de alarma que movilizan defensoras ante una amenaza, feromonas reproductivas que regulan qué individuos se reproducen, y hidrocarburos cuticulares —compuestos presentes en la cutícula— que permiten reconocer a los miembros de la propia colonia frente a intrusos. Este repertorio varía considerablemente entre especies y géneros.